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en esa andaban cuando una tormenta de granizo golpeó duramente los cultivos de cítricos de la heróica Sagunto, que se bien 3.000 años atrás no se rindió al embite de Anibal, en los albores del XX tuvo que rendirse a la evidencia de de su gran dependencia económica de una actividad agrícola expuesta a las inclemencias climáticas. El susto de ver el trabajo de meses tirado por tierra por una sola tormenta movió al equipo de gobierno del momento a reiniciar los contactos con aquellos locos empresarios, lo que permitió finalmente llegar a los acuerdos que permitieron aprovechar aquellos desiertos terrenos para emprender lo que sería el inico de un gran proceso industrial.
i aquella tormenta de granizo no hubiera caído tan oportunamente sobre Sagunto, si hubiera sido sólo unos días después, el Puerto de Sagunto no hubiera existido tal y como ha sido y es, hoy en día el espacio que ocupa lo llenaría cualquier otra cosa, pero desde luego, es lo más importante, no se hubiera convertido en el lugar épico de emigración de tantos obreros españoles en busca del dorado. Sería un campo más de Sagunto, una zona residencial para valencianos de capital o el vecino de los Altos Hornos de Puzol, pero no sería una ciudad jóven obrera, a 120 kilómetros de Teruel en línea recta. Además, quien escribe estas líneas sería hoy en día otra persona, tall vez una rolliza moza asturiana cuidadora de vacas, o una horchatera de Alboraya hasta la chufa de tanta leche. Por eso y por la conexión Puerto de Sagunto-Teruel ¡gracias, dios de las tormentas de granizo!.
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